La intervención arquitectónica en nuestros Centros Históricos se convirtió en uno de los más importantes debates profesionales de la actual cultura arquitectónica de estos últimos años. Sin embargo, la enorme ambigüedad del propio concepto de la "intervención", dificulta encontrar una adecuada referencia que clarifique el significado de la intervención arquitectónica y de los objetivos de la actuación sobre los valores que denominamos de lo "viejo" y de lo "nuevo".
La decisión de abordar los problemas de la intervención en los Centros Históricos mediante los instrumentos urbanísticos que aporta el planeamiento, no es sólo una decisión de carácter legal o exclusivamente administrativa. La intervención urbanística dispone de las mejores capacidades y respuestas para afrontar muchos de los problemas que plantea el Patrimonio Histórico de nuestras ciudades.
El valor de los Centros Históricos para la cultura arquitectónico y urbanística actual está en su capacidad de adaptación a los cambios y al devenir de la ciudad, en su capacidad de modernidad y de futuro que los mismos sean capaces de proyectar. El pensamiento profesional encuentra su madurez al enfrentarse al Centros Histórico entendiendo sus relaciones y semejanzas con la ciudad, y no sus aparentes antagonismos.
Efectivamente, las distintas actuaciones de restauración, conservación, rehabilitación, reutilización... que sobre el Centro Histórico se realizan, parecen ser denominadas con el mismo concepto genérico de "intervención". Y sin embargo, podríamos detectar que detrás de cada una de dichas actuaciones hay una diferente concepción de la manera y forma de interpretar el discurso arquitectónico que emana del propio edificio ó trama urbana existente.
Es evidente, que la formación histórica de la ciudad se realiza a través de una compleja simbiosis entre los diferentes momentos (unas veces contradictorios y otras veces coherentes) de su historia. Los ejemplos históricos de los asentamientos de las nuevas ciudades griegas y romanas, musulmanas y cristianas..., nos demuestran cómo se van superponiendo como "capas" unas a otras sin más consideración histórica que la valoración física y topográfica de sus anteriores asentamientos sirvieron como mero soporte material a la yuxtaposición de unas nuevas arquitecturas y estructuras urbanas.
La conciencia histórica del pasado y el presente, y su correspondiente valoración en cuanto a las intervenciones urbanas y a la producción de ciudad, habrá que buscarlas a partir de la nueva manera de intervenir que se origina con el Renacimiento. Es a partir de este momento cuando se plantea la actuación arquitectónica e intervención urbana desde la propia valoración crítica de la trama urbana existente, con el principal objetivo de integrar y asumir el pasado urbano desde una propuesta unitaria de proyecto actual de ciudad, sin que el problema de esta integración se reduzca a la fiel o mimética interpretación historicista de dicho pasado urbano, sino por el contrario que adquiera su propia lógica dentro de la congruencia interna del futuro proyecto de ciudad. Es evidente que el Movimiento Moderno estuvo ajeno a este discurso, mostrando cierto distanciamiento y una efectiva deformación al pasar del anterior concepto de "restauración-integración" al concepto de "conservación-mantenimiento", como puede traducirse en los contenidos de la Carta de Atenas de 1931 ó Texto de Venecia de 1964. Todo ello ha dado lugar a una serie de actitudes basadas en estereotipados principios conservacionistas ó en entendimientos marginados de la realidad heredada que ha originado una situación ciertamente confusa en la manera y forma de intervenir en nuestras ciudades.
Parece que ya no hay dudas ni grandes discrepancias sobre la necesidad de entender la intervención en la ciudad histórica en congruencia con las estructuras preexistentes. Lo que sin embargo está menos claro en la práctica habitual -y por eso ha de ser objeto de explicación en cada intervención- es cuál debe ser la relación entre la intervención (lo nuevo) y el espacio heredado (lo viejo). El problema de la integración entre lo "nuevo" y lo "histórico" ni puede reducirse hoy al fiel respeto de lo existente, ni refugiarse en la impremeditación e inconsciencia de lo caprichoso; más bien convendría buscar la lógica de cada intervención en lo "unitario" del proyecto de ciudad que ha de alentarlas: después del Clasicismo sabemos que la cultura urbanística no puede satisfacerse ni con el sentimiento estático y museístico de la ciudad que alientan aún los conservacionistas, ni con los discurso de capricho y frivolidad de los escenógrafos autónomos , sino desde el reencuentro con un proyecto general de renovación de la ciudad.
Es una orientación del pensamiento urbanístico que tiene sus raíces en el conocimiento analítico del espacio de la ciudad, que se fundamenta estéticamente en la confirmación de la "continuidad temporal" con que se manifiestan las estructuras urbanas: los métodos de intervención han de anclarse estéticamente en el conocimiento y mostrar cierta continuidad de lenguaje, algunas claras referencias a los valores urbanos socialmente asumidos. Y además cada intervención ha de justificarse en su dimensión práctica (o ética), mostrando sus valores funcionales y su factibilidad razonable. La opción que propugnamos para nuestros Centros Históricos está pues tan irremediablemente alejada del conservacionismo historicista como de la tiranía de los banales proyectos grandilocuentes pero de vacía cultura urbana. En definitiva, los problemas de intervención en la arquitectura histórica no son problemas abstractos, sino concretos problemas sobre estructuras concretas, ante las que habrá que responder en cada momento histórico.
Así pues, es evidente que esta nueva consideración de la intervención arquitectónica y urbanística como concepto "integrador y rehabilitador" aparece precisamente en el momento en que se produce una conciencia de la historia, una evidencia en que las condiciones establecidas en el pasado son diferentes a los del presente y que por tanto la intervención tiene que asumirlas en un proyecto de futuro. Es desde ese nivel, desde el que reclamamos la intervención y la rehabilitación urbana integral como métodos de trabajo, evitando así que los Centros Históricos se conviertan en auténticas "periferias" de nuestras ciudades (invirtiéndose los "papeles" de las relaciones centro-periferia) al perder, de alguna manera, la "modernidad y pluralidad" sobre la que fueron concebidos en su origen urbano.
En este sentido, este planteamiento puede ser, y debe ser, un buen instrumento de intervención y gestión en el análisis global de la ciudad y en la recuperación del papel que el Centro Histórico debe jugar en dicho proyecto global de ciudad. La cualificación de su realidad social deberá ser la clave fundamental hacia la que debería moverse la legitimación del encargo profesional en la intervención y rehabilitación de nuestros Cascos Históricos y su Patrimonio: la recuperación de su "modernidad" cultural y la "pluralidad" del conjunto de sus funciones, recuperando el "valor de disfrute" de los Centros Históricos y dotándolos de capacidades de futuro y bienestar.
Plan Especial del Recinto Monumental de la Alhambra
(Premio Nacional de Urbanismo en 1987); redactado en 1985 por ESTUDIO SEGUI.
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Plan General de Ronda (Málaga)
(Premio Internacional "Gubbio" de la Asociación Nacional Italiana de Ciudades con Centros Históricos); redactado en 1988 por ESTUDIO SEGUI.
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Plan Especial del Casco Histórico de Puerto Real (Cadiz)
Redactado en 1987 por ESTUDIO SEGUI.
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